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Mi primer feeling en Ninjutsu

Quizá comparta muchas cosas de las q voy a decir con mis compañeros, y quizá sea por eso por lo que entrenando con ellos me siento en familia.

Siempre he querido practicar artes marciales, pero nunca he encontrado el momento en el que apuntarme. Este verano di el gran paso y sí, me apunte a Ninjutsu.

Lo que más me sorprendió el primer día fue el compañerismo de los compis. Estaba claro. Yo tenía un concepto erróneo de las artes marciales.

Creía que el arte marcial en sí, consistía en ir, aprender, defenderte y ya, pero estaba totalmente equivocado, yo sabia que consistía como he dicho antes en la defensa utilizando el físico pero lo q no sabia y cada día voy descubriendo es el feeling de las técnicas, y que la mayoría de las veces la mejor defensa es la que trasmites y la que siente uno mismo, la que se trasmite espiritualmente y con el corazón.

Desde que llevo en Bujinkan he comprendido varias cosas, esto he de agradecérselo a la gente con la que entreno y a Tato mi maestro ya que todo lo que me enseñan lo intento aplicar día a día en mi vida.

Antes de acabar con esta especie de artículo me gustaría mencionar dos frases del libro de “EL NINJA MODERNO “ (de Hatsumi Sensei) que son: “ La esencia del Budo consiste en vencer claramente mediante su conocimiento pero sin luchar. El Ninjutsu es igual, si no estamos preparados en su esencia, si no conocemos su verdad, nunca podremos decir que hemos llegado a un conocimiento completo de dicho arte”. Y la segunda: “Todos cuando empezamos somos como un pequeño insecto, pero a pesar de ello hasta el más insignificante insecto si se agarra a la cola de un caballo puede recorrer cuatro mil millas”.

Os animo a que descubráis este arte marcial.

UN SALUDO.

Manuel Padilla Montoya (8º kyu), Yû Ryu – Tato Canoe Dojo


Viaje a Córdoba: Cómo ves la Bujinkan

“¿Cómo ves esto de la Bujinkan?”, me preguntaba mi maestro Tato hace un par de meses, y todavía me lo pregunta de vez en cuando.

Qué difícil es describir con palabras algo que abarca tantas sensaciones. Pero creo que para responder debo presentarme antes: nunca, hasta ahora, había tenido contacto con ningún arte marcial. Ni yo ni tampoco un familiar, amigo o conocido mío. Entré en esto con una mezcla de curiosidad y casualidad y, aunque me gusta ponerle un poco de teatro y decir que fue “como quien se apunta a aerobic”, lo cierto es que acudí en busca de seguridad y saber un poquito de defensa personal.  Conociendo además lo rápido que huyo de cualquier actividad que implique ejercicio físico, mi objetivo era conseguir asistir al menos a dos entrenamientos antes de abandonar.  Y lo afronté como un gran reto, como una superación personal al miedo al dolor, al terror que me produce cualquier tipo de enfrentamiento, ya sea verbal o físico.

Hubo algo en las palabras de Tato de aquella primera clase que me hipnotizó. Recuerdo que habló sobre lo necesario que es trabajar la capacidad de reacción, aprender a levantarse rápido tras una caída, y nunca menospreciar a un adversario aunque uno se crea superior a él. Son principios que siempre he venerado a lo largo de mi vida, pese a venir de un mundo tan distinto del ninjutsu.  Encontré sus lecciones tan aplicables al día a día y la acogida de mis compañeros en el dojo fue tan cálida y respetuosa que me vi forzada a asistir a una segunda clase. Y me temo que alguna más.

Aun así, me pregunto muchas veces qué hago aquí entre vosotros. Qué hago yo, por ejemplo, un fin de semana en Córdoba en un curso de Frank y Pedro.

No me siento capaz de definir lo que supuso el curso del pasado fin de semana, pero ha sido algo similar a lo que ofrece un viaje: ampliar la mente, conocer gente y ver, desde otro punto de vista, aquello que haces en tu lugar de origen.

Quizás lo que hice fue compartir horas, kilómetros y experiencias con mi maestro, Tato. Quizás a lo que fui fue a escuchar a los maestros de mi maestro. Pedro dijo allí que no nos tomásemos la bujinkan en serio. Y automáticamente lo escuché con seriedad. A Frank, todo un shihan, le oí reconocer que estaba aprendiendo en ese curso. Y con esa humildad que mostró me hizo admirarlo y comprender su grandeza. 

Quizás también fui a conocer y aprender de mis compañeros. En Córdoba confirmé el gran contraste de personas que puede abarcar este arte marcial, al que le debo poder conocer gente que fuera del tatami no tendría oportunidad. Que me sienta tan unida a ellos bajo el paraguas común de la bujinkan me parece fascinante. El ambiente que se respira, el compañerismo, dejando a un lado diferencias de edad, sexo, procedencia, acento, peso, altura, profesión o dedicaciones varias me hace comprender el pacifismo tan grande que existiría en el mundo si la bujinkan fuese asignatura obligatoria en los colegios. Vosotros tendréis una palabra japonesa para definir esto, seguro, pero para mí es simplemente magia.

Vuelvo la vista atrás a aquel mi primer día, y quién me iba a decir que seis meses más tarde aquí seguiría, con un recién estrenado kimono y escribiendo en esta web. Seis meses de entrenamientos fuera del dojo con Juan, con Tatin, con Raquel y con Nacho que por supuesto también estuvieron presentes en Córdoba, en forma de comidas, cenas, risas y asombrosas tortillas, y que me confirmaron que la bujinkan no es una meta, no es un camino, sino una forma de andar el camino que es la vida que nos ha tocado vivir a cada uno. Y mientras comienzo a andar de esta forma mi camino, pasito a pasito, sólo me preocupo en disfrutar enormemente del paisaje.

Me magnetizan las palabras de Pedro, las enseñanzas de Tato. Cuando os veo en el tatami hacer una técnica, a veces me gusta jugar a miraros con ojos ajenos, como los míos de hace muy poquito tiempo, y entonces me vuelvo a preguntar ¿Qué hago yo aquí? Yo, que no soporto la violencia, que no tengo nada en común con mis compañeros. Y a continuación sonrío pensando que ya no tengo compañeros, sino buyus. Y me doy cuenta de la incongruencia de sentir que es mucho más pacífico lo que ocurre en el tatami que lo que me encuentro habitualmente en mi vida diaria fuera del dojo. Porque al menos aquí existen unas normas y un enorme respeto hacia al adversario que en el mundo exterior son bien difíciles de encontrar.  Eso me hace seguir,  admirar lo que hacéis y desear parecerme a vosotros.

Es irónico pensar que acudí buscando defensa personal y me habéis ofrecido tantas otras cosas a cambio, que no esperaba.

Gracias por acogerme entre vosotros.

Silvia  (7º kyu), Yû Ryu – Tato Canoe Dojo


Ninjutsu en clase de educación física

Cuando mi profesor de educación física de 3º de la ESO, me dijo que si podía hacer una exhibición de ninjutsu con la clase, no dude y enseguida se lo pregunte a Tato. Nada más terminar con el judo vino Tato con dos compañeros más, Raquel y Juan. Consiguió explicar a 34 adolescentes con las hormonas revolucionadas partiendo de cero en que se basa el ninjutsu y a la vez que todo lo que aprendemos aquí podemos traspasarlos a la vida ordinaria, es decir, a nuestro día a día. Y aunque a algunos compañeros no lo entendieron mucho, a la hora de la practica se lo pasaron genial y disfrutaron de lo que hacían que creo que eso es muy importante.

Cuando termino la clase que apenas duró 40 min. a todos les encanto, les aprecio una experiencia distinta y que ninguno de ellos se arrepintió de probarlo y yo como siempre, me lo pase genial y disfrute sobre todo de poder compartir con mis compañeros de toda la vida algo que me gusta y que disfruto haciendolo.

Por eso animo a todos que lo prueben por que es una experiencia que si os gusta podéis seguir probandolo y a quien no, es algo que os lleváis y seguro que no os arrepentiréis.

Javier Gomez (9º kyu)

04/04/2013 Yû Ryu – Tato Canoe Dojo