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Entrenando un sábado cualquiera

A lo largo del tiempo, cada vez que veo a mi Maestro dar una clase he ido experimentando en mi interior diferentes sensaciones. Desde “simples” y contundentes golpes hasta melodías abstractas, pasando por caricias al “Ku” y coqueteos con los sentimientos más profundos del Ser.

Hoy sábado, un sábado cualquiera, me ha llamado particularmente la atención el “feeling” que he percibido en el tatami. Tanto es así que, antes de que se me olvidase o los segundos pudieran maquillarlo he decidido ir a Pedro a contárselo.

Mientras veía la ejecución de la técnica he visto a Pedro como un alfarero. Tenía a Uke como una masa de arcilla a la que, mediante golpes, caricias, desequilibrios, roces y movimiento constante iba transformando en lo que él quería. Así como un artesano proyecta en la arcilla su experiencia colocando las manos de una u otra forma sin dejar de mover el torno. Sin dejar de ser firme, consigue moldear con suavidad y soltura ese “montón de arcilla” en que se convierte Uke cuando ataca con sinceridad.

Parpadeando una vez, puedes ver una lluvia de golpes que hacen que Uke no tenga otra opción que protegerse o tratar de absorber lo que se le viene encima.

Parpadeando dos veces puedes ver un desequilibrio, un toque en un punto determinado que provoca una caída inevitable.

Mirando con los ojos del corazón también puedes ver a un artesano que con amor y convicción plasma su experiencia y la comparte con los que estamos allí, dejando a Uke convertido en su obra. Como el que transforma un pedazo de arcilla en un jarrón. Como el que transforma un garabato en un paisaje. Como el que oye melodías sublimes en conversaciones triviales.

Así es el Artista. Y ¿qué es lo nuestro? ¡Exacto! Un ARTE Marcial. Así que, pongamos todos nuestros sentidos y DISFRUTEMOS de la Vida que nos regala el Budo. DISFRUTEMOS del Budo, que no es, sino VIDA.

Bujinkan . Uma Ryu Dojo - Villalbilla, ajustado

 


Viaje a Córdoba: Cómo ves la Bujinkan

“¿Cómo ves esto de la Bujinkan?”, me preguntaba mi maestro Tato hace un par de meses, y todavía me lo pregunta de vez en cuando.

Qué difícil es describir con palabras algo que abarca tantas sensaciones. Pero creo que para responder debo presentarme antes: nunca, hasta ahora, había tenido contacto con ningún arte marcial. Ni yo ni tampoco un familiar, amigo o conocido mío. Entré en esto con una mezcla de curiosidad y casualidad y, aunque me gusta ponerle un poco de teatro y decir que fue “como quien se apunta a aerobic”, lo cierto es que acudí en busca de seguridad y saber un poquito de defensa personal.  Conociendo además lo rápido que huyo de cualquier actividad que implique ejercicio físico, mi objetivo era conseguir asistir al menos a dos entrenamientos antes de abandonar.  Y lo afronté como un gran reto, como una superación personal al miedo al dolor, al terror que me produce cualquier tipo de enfrentamiento, ya sea verbal o físico.

Hubo algo en las palabras de Tato de aquella primera clase que me hipnotizó. Recuerdo que habló sobre lo necesario que es trabajar la capacidad de reacción, aprender a levantarse rápido tras una caída, y nunca menospreciar a un adversario aunque uno se crea superior a él. Son principios que siempre he venerado a lo largo de mi vida, pese a venir de un mundo tan distinto del ninjutsu.  Encontré sus lecciones tan aplicables al día a día y la acogida de mis compañeros en el dojo fue tan cálida y respetuosa que me vi forzada a asistir a una segunda clase. Y me temo que alguna más.

Aun así, me pregunto muchas veces qué hago aquí entre vosotros. Qué hago yo, por ejemplo, un fin de semana en Córdoba en un curso de Frank y Pedro.

No me siento capaz de definir lo que supuso el curso del pasado fin de semana, pero ha sido algo similar a lo que ofrece un viaje: ampliar la mente, conocer gente y ver, desde otro punto de vista, aquello que haces en tu lugar de origen.

Quizás lo que hice fue compartir horas, kilómetros y experiencias con mi maestro, Tato. Quizás a lo que fui fue a escuchar a los maestros de mi maestro. Pedro dijo allí que no nos tomásemos la bujinkan en serio. Y automáticamente lo escuché con seriedad. A Frank, todo un shihan, le oí reconocer que estaba aprendiendo en ese curso. Y con esa humildad que mostró me hizo admirarlo y comprender su grandeza. 

Quizás también fui a conocer y aprender de mis compañeros. En Córdoba confirmé el gran contraste de personas que puede abarcar este arte marcial, al que le debo poder conocer gente que fuera del tatami no tendría oportunidad. Que me sienta tan unida a ellos bajo el paraguas común de la bujinkan me parece fascinante. El ambiente que se respira, el compañerismo, dejando a un lado diferencias de edad, sexo, procedencia, acento, peso, altura, profesión o dedicaciones varias me hace comprender el pacifismo tan grande que existiría en el mundo si la bujinkan fuese asignatura obligatoria en los colegios. Vosotros tendréis una palabra japonesa para definir esto, seguro, pero para mí es simplemente magia.

Vuelvo la vista atrás a aquel mi primer día, y quién me iba a decir que seis meses más tarde aquí seguiría, con un recién estrenado kimono y escribiendo en esta web. Seis meses de entrenamientos fuera del dojo con Juan, con Tatin, con Raquel y con Nacho que por supuesto también estuvieron presentes en Córdoba, en forma de comidas, cenas, risas y asombrosas tortillas, y que me confirmaron que la bujinkan no es una meta, no es un camino, sino una forma de andar el camino que es la vida que nos ha tocado vivir a cada uno. Y mientras comienzo a andar de esta forma mi camino, pasito a pasito, sólo me preocupo en disfrutar enormemente del paisaje.

Me magnetizan las palabras de Pedro, las enseñanzas de Tato. Cuando os veo en el tatami hacer una técnica, a veces me gusta jugar a miraros con ojos ajenos, como los míos de hace muy poquito tiempo, y entonces me vuelvo a preguntar ¿Qué hago yo aquí? Yo, que no soporto la violencia, que no tengo nada en común con mis compañeros. Y a continuación sonrío pensando que ya no tengo compañeros, sino buyus. Y me doy cuenta de la incongruencia de sentir que es mucho más pacífico lo que ocurre en el tatami que lo que me encuentro habitualmente en mi vida diaria fuera del dojo. Porque al menos aquí existen unas normas y un enorme respeto hacia al adversario que en el mundo exterior son bien difíciles de encontrar.  Eso me hace seguir,  admirar lo que hacéis y desear parecerme a vosotros.

Es irónico pensar que acudí buscando defensa personal y me habéis ofrecido tantas otras cosas a cambio, que no esperaba.

Gracias por acogerme entre vosotros.

Silvia  (7º kyu), Yû Ryu – Tato Canoe Dojo


El guerrero pacífico

Miguel Carrasco – 28/02/2011

Vivencias como tener la posibilidad de escribir este

Interesante artículo para la nueva web de nuesto dojo, sin

Santa idea de como empezarlo, son las cosas que me

Insuflan sentimiento de auténtica vida.

Titulado El guerrero pacífico, ya que evoca ese

Ánimo especial que percibo en conjunto, de todos los  

Entrenamientos con el Shihan Pedro Zapatero.

La verdad, que deseo un mundo en el que se respire la

Bondad, simpatia, claridad y  la alegría de

La que hacen gala mis profesores.

Obligadamente tengo que mencionar a un

Gigante, titulo que se puede aplicar

Desde un nuevo cinturon blanco, hasta

El más viajado buyu.

La ilusión de crear y creer

No debe tener fín.

Innestimable en mi enseñanza, viajes, futuro y corazón.

Notarlo en cada uno de mis profesores y compañeros, me enseña que

Juntos hacemos Budo, dejando de ser compañeros marciales para ser

Amigos, diferentes, pero con un solo corazón y una sola dirección.

Para que conozcais un poco al que está escribiendo esto, os pondré en

Antecedentes, más o menos llevaré un año en bujinkan.

Todo este tiempo há sido para mí, un paso de gigante

Además de cómo he dicho el poder compartir este sentimiento entre

Todos los buyus es señal de un brillante futuro.

Ahora , ya presentado, me centraré un poco más en el entrenamiento.

Como leve referencia al Taijutsu que ví en el entrenamiento, diré que empiezo a notar ya en un año, suavidad , precisión y detalles muy cuidados que antes no percibía. Ahora pienso que me puedo dar con un canto en los dientes si me logro mover como ellos algún día. Cada detalle nuevo que percibo , lo comparto mientras entreno con mis compañeros, compartiendo así esa técnica tan costosa y maravillosa que tienen mis maestros y que de alguna manera les será devuelta.

El guerrero pacífico es para mí Pedro Zapatero, ya tiene la peculiar caracteristica de ser capaz de dar palizas cariñosas, y es que aunque se embute en una armadura, siempre se deja fuera el corazón.

Los que conozcan a Pedro de más tiempo seguro que piensan como yo , es un guerrero auténtico, pero un guerrero que combate con el corazón.

Mi profesor Charly siempre me hablaba maravillas de Pedro Zapatero y de Pedro Fleitas, tanto que me resultaba increíble de creer.

Yo no creía que fuera para tanto hasta que los veo en acción, ahora sé que ni mil tormentas los detendrían, y es que cuando hay tormenta ellos se transforman en truenos y relámpagos.

El sábado fue un entrenamiento de muy alto nivel, pero en el que bajamos el centro de gravedad para compartir movientos que van pasando a ser parte de nosotros día a día.

El primer contanto que tuve con la Bujinkan , el primero que me hablo así pues de Hatsumi Sensei fue Javi Judo, que me comento que él debía practicar los movimientos básicos al menos 20 veces al día, me parecieron muchas veces, pero ahora me parecen pocas.

Ahora los hago muchas más ya que los he incorporado a mi vida, hago tai sabaki con la mirada si hace falta, me dijo mi profesor Charly que llega un momento que la persona que eres en el tatami y la que eres en tu vida diaria se funden para ser una.

Esto lo noto en Pedro Zapatero,  cuando se pone armadura se deja fuera el corazón y cuando no la lleva, sigue siendo un guerrero, entrenar con él es un lujo.

Ahora quiero hablar de sentimiento. Celebrar el Uma Ryu junto con tanta gente sorprendente es maravilloso, es un camino lleno de felicidad, hay tanto que festejar y tan poco tiempo que apenas nos queda tiempo para cambiar unas impresiones después del entrenamiento, celebramos nueva página web, creo que fueron 4 los cumpleaños que se festejaron, algunos compañeros y yo mismo fuimos subido de grado, me encantó estar en ese momento apoteósico , tan grandioso que es difícil de expresar con palabras. Ojalá conocer la bujinkan fuera asignatura en los colegios, si tienes oportunidad de conocer a gente tan maravillosa no te lo pienses dos veces, es un ejército invencible, como un ejército de fakires en la época medieval, no hay quien se la clave.

Espero que este texto os haya recordado levemente el entrenamiento y sobre todo ese carácter tan especial de los que son nuestros profesores marciales.

Nos vemos en el tatami, luchando como guerreros que somos, contra la vida aburrida y monótona, llenandola de color, maestría  y Alicientes, continuando nuestro camino, viviéndolo sin fin.

Domo arigato.

Miguel Carrasco


Sentir

Virginia Hernández (Yû Ryu – Bujinkan Bushin Dojo) – Octubre 2012

La semana pasada me hicieron llegar los últimos materiales adquiridos por mi maestro: la colección de dvd de periscopio y el libro de “togakure”. Se lo enseñé a mi maestro, para que viera el material que había adquirido y me lo volví a traer a casa. Acabo de empezar a leerlo, quizás buscando los motivos por los que comencé este camino y lo he continuado.

Como digo, solo he leído unas páginas. Leo un poco, lo dejo, releo, a ver que se me escapa, retomo la lectura… Ya tengo anotados un par de conceptos interesantes cuando me encuentro con “Shinken-gata”. No se si entiendo muy bien la explicación, pero me quedo con lo que para mi es la esencia: si solo entrenas en el tatami, no lo puedes aplicar a la vida real. Y recuerdo como, en el último entrenamiento, Pedro nos hablaba de trabajar nuestros sentidos: saber ver, escuchar, sentir (no solo con las manos…), oler o saborear. ¿Alguna vez has entrado en un bar con los oídos tapados para poner a prueba tu agudeza visual y tu tacto? El tacto… Ese gran sentido… ¿te has sumergido en una piscina sin ver ni oír? Todo se siente, tu cuerpo late, tomas la mano de tu guía y no necesitas nada mas: un giro, un tropiezo, a la derecha, paso estrecho… todo eso, y más, solo con dos dedos en el codo de la otra persona. Si no ves ni oyes saboreas el aire, hueles los sentimientos, tocas el cielo y el centro de la tierra. Sin perder el contacto con el suelo sientes como el cielo tira de ti hacia arriba para que no pierdas nada de los que ocurre a tu alrededor.

El olfato… la memoria olfativa es la más duradera. Nuestro cerebro almacena olores constantemente, aunque a veces no seamos conscientes de percibirlos. Si te montas en coche a ciegas, pero en el que ya has estado, tu olfato y tu cerebro de lo recordarán. Nos orientan, como a los gatos.

Tenemos muchas mas capacidades de las que somos conscientes, y no es tan difícil descubrirlas. Hay personas que viven fuera de sentidos que para nosotros son esenciales, pero nosotros ignoramos los que para ellos lo son todo.”


Sin el plan muy claro

Joaquín Garralda – “Tatín” (2º Dan de Yû Ryu – Tato Canoe Dojo) – Junio 2012

…Fletias compartió el concepto de los planes de acción…

Pedro Fleitas (en el curso que impartió en Granada) compartió con nosotros el concepto de los planes de acción. Solemos programarlo todo, de la manera más estricta y estática posible. Pero que la verdadera belleza reside en esas acciones espontáneas y etéreas, que en un instante afloran para desaparecen, y sólo dejar una esencia que nada tiene que ver con el plan inicial, sino con lo que hay detrás de la persona, del taijitsu.  Al menos eso es lo que yo entendí (que puede o no tener que ver con lo que él dijo).

En ese momento me impresionó ese concepto. No creo que lo entendiera al principio (y probablemente todavía no lo haga), pero ahora me doy cuenta que no es nuevo en mi vida, sino que mi maestro ya me lo había transmitido, y precisamente este viaje es prueba de ello.

…nuestro maestro disfrutaba con nosotros…

A las 4:40 de la mañana, se levantaban tres somnolientos guerreros en casa del maestro, dispuestos a embarcarse en una pequeña aventura. Tato, mi buyu (y gran amigo) Juan, y yo. Nos disponíamos a ir a Granada, entrenar y volver en el mismo día. ¿Una locura? Quizás, pero no lo vivimos como tal. Fueron horas en coche de disfrutar egoístamente de nuestro maestro, esta vez sólo para nosotros. Y el placer de notar cómo el también disfrutaba con nosotros. Horas de risas, de historias y de reflexiones.

Grupo representante de Uma Ryu con Pedro Fleitas

…sin el plan muy claro logramos llegar…

Sin el plan muy claro, con unos sándwiches en el maletero, nuestros kimonos y una sonrisa que nos duró todo el viaje. Así fue como logramos llegar a Granada, sólo para comprobar que no éramos los únicos que no podían dejar de sonreír. No importaban el grado, no importaban los años que lleváramos entrenando, no importaba de dónde venía cada uno; todos compartimos la misma cara de incredulidad al ver “levitar” a Fleitas por el tatami. Maestros como alumnos, y todos como participantes, acabamos llevándonos un poco más de calor dentro de nuestros corazones.

Pedro Fleitas realizando una técnica

La vuelta, lo que podía haberse tornado en una tortura, no fue otra cosa que la continuación de nuestra particular aventura. El cansancio no pudo hacer mella en la euforia que aún plagaba cada célula de nuestro cuerpo, y que hizo que la ilusión nos acompañara el resto del viaje.

…ninguna programación pudo haberlo mejorado…

Una vez acabado, me di cuenta que de esto es de lo que hablaba Pedro. Más allá de los planes que hayamos podido hacer (o no), se encontraba un viaje que aunque pareció durar un instante, nos dejó con el equivalente a meses de experiencias. Ninguna programación pudo haber mejorado el viaje. Fue algo que casi improvisamos la semana anterior y de lo que disfrutamos cada segundo. Sólo hay gratitud en mi corazón hacia mis dos compañeros en esta aventura, que consiguieron sacar la belleza de cada instante.

Grupo de participantes en el seminario de Granada 2012