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Budo – vida

Juan Cruz (Yû Ryu – Tato Canoe Dojo) – Octubre 2012

…al final va a resultar que yo hacía ninjutsu y no lo sabía…

“Al final va a resultar que yo ya hacía ninjutsu y no lo sabía.” Esto dijo una compañera del dojo la semana pasada. Lleva 3 entrenamientos, si no recuerdo mal, y en la inestimable compañía de unas cervezas estábamos ella, Tatín y yo hablando sobre el entrenamiento, el budo y la vida en general. Hablábamos sobre que la bujinkan no es dar unos golpes mejor o peor, es mucho más, una actitud trasladada a la vida, y ella se reía cuando veía en su vida aspectos que mencionábamos del budo.

Otro compañero que acaba de empezar me preguntó el jueves si alguna vez había usado el ninjutsu fuera del dojo, y su cara fue un poema cuando le respondí: “Sí, pero sin pegar a nadie”. Me hace gracia cómo voy viendo poco o poco y gracias a las enseñanzas de Tato, o a su transmisión como él dice, que lo que veo en el dojo no me vale para una emergencia, sino para luchar cada día, que lo que aprendo se traslada a todos los aspectos de la vida y no únicamente a una situación de confrontación física.

Juan en Ichimonji no kamae debajo de un sauceEn el curso de Gijón Pedro me dio la oportunidad de decir que lo que él decía de que había que ser capaz de cambiar y de arriesgarse lo había escuchado el día anterior en clase. Distinto contexto, misma enseñanza. Y este fin de semana no podía evitar acordarme del budo cuando oía que a la hora de ofertar una actividad esta debía ser lo más inclusiva posible. ¿Qué hay más inclusivo que no hacer distinciones entre grados a la hora de entrenar? Lo bonito está en que ante la misma técnica cada uno ve algo diferente, y ahí está la riqueza de entrenar todos juntos. Parte de la magia del budo es que tengas el nivel que tengas siempre te quedarán cosas por aprender, y creo que si mantienes la capacidad de ilusionarte, sorprenderte y ver que cada día supone un reto significa que vas por el buen camino.

…en el dojo aprendemos filosofía de vida…

Quizás el hecho de que estudie algo relacionado con la actividad física me ayude a hacer puentes entre estas 2 carreras, la marcial y la académica, pero en el fondo pienso que cualquiera puede trasladar a su ámbito lo que su maestro le transmite en el dojo (y fuera de él), ya que no aprendemos a pegar, aprendemos filosofía de vida.


Más que un arte marcial

Laura (Yû Ryu – Oliver Raposo Dojo) – Septiembre 2012

Siempre que veía pelis de artes marciales lo que esperaba con más fervor era la aparición de los ninja, esos personajes que siempre hacían el mismo papel; los malos de la película. Al contrario que a la inmensa mayoría, no me cautivaban del mismo modo las películas de Kung Fu, Kárate u otros estilos marciales (muy respetables por supuesto) como lo hacían estos sombríos personajes que siempre surgían de la nada con su rostro oculto y que parecían ir en contra de la gravedad por sus tremendas dotes de agilidad. Siempre eran los malos, sí, pero no había rival igual…eran invencibles y tenían poderes!! ¿A caso había algo que “molara” más?

Nadie sabía muy bien que o quienes eran pero el caso es que si tu madre te ponía un pasamontañas por el frío (sí, aquellos horribles que picaban tanto) todos te decían: ¡¿vas disfrazado de ninja o qué?! Si en gimnasia eras ágil y hacías volteretas o saltos sorprendentes: ¡este se cree un ninja!, Y no digo nada ya de cuando te iban a echar la bronca por algo y tú intentabas desaparecer como podías: ¡Mira este que listo como ha hecho el ninja! Inevitablemente ese espíritu ninja siempre estaba entre nosotros.

Lo cierto es que desde siempre me han llamado la atención enormemente las artes marciales en general, lo veía como algo muy bonito y espiritual a la par que práctico, pero por otra parte, debido a mis inseguridades, siempre pensé que yo no sería capaz de introducirme en ese mundo tan apasionante y de llegar a saber fluir tal y como lo hacían en aquellas pelis y documentales.

Pero…qué casualidad que la vida misma me llevó a encontrarme con una persona que precisamente había practicado durante mucho tiempo ese arte marcial que tanto me intrigaba. Recuerdo que ni siquiera sabía el nombre que recibía. Durante 5 años me ha enseñado cosas muy útiles del Ninjutsu, aunque sin poder practicar técnicas físicas, únicamente conceptos e ideas que en mí día a día me han sido de gran utilidad en todas y cada una de mis situaciones. Esto demuestra que el Budo no es solo un arte marcial como cualquier otro, sino que es un perfecto modo de vida.

Hace un año pude, por fin, inmiscuirme en la práctica total del Budo Taijutsu y mi concepto de todo ha cambiado todavía más. Además de haberme ido aportando mayor seguridad en mi misma ha hecho que comprendiera muchos de los conceptos que mi pareja y maestro hoy en día me inculcó, llevándolos a la práctica de manera distinta y mucho más útil.

Hay a quien la práctica de artes marciales le intensifica la arrogancia y la agresividad, no sé si, de algún modo, debido al erróneo enfoque (desde mi punto de vista) hacia la competición de la mayoría de ellas. Yo tengo que decir desde que estoy en el camino del Budo soy una persona mucho más segura, tranquila (aunque aún me queda mucho por trabajar esta parte) y feliz. Cada día disfruto más de las clases aprendiendo cosas que van mucho más allá de su mera utilidad en posibles enfrentamientos.

Y para terminar, creo que hablo en nombre de todo el dojo de Azuqueca cuando digo que nos sentimos muy orgullosos y agradecidos de formar parte de esta gran familia de “Buyus” y en particular, por supuesto, no estaría en el camino de no ser por Oliver al que le debo todo y a Pedro, una magnífica persona de gran corazón que hizo posible todo esto.

En nombre de todo del Dojo de Azuqueca: ¡Gracias!

Entrenamiento del Shihan Pedro Zapatero, con compañeros de Uma Ryu en Azuqueca de Henares

Visita en septiember de 2012 del Shihan Pedro Zapatero al dojo de Azuqueca


Con la luna como testigo de excepción

Shidoshi Ho Juanmi – Septiembre 2012

Los últimos coletazos del mes de agosto nos dejaron el dojo mermado por las ausencias típicas de las vacaciones de verano.  Los pocos que quedábamos nos calzamos el kimono, las tabis (quien las tenía) y las ganas de entrenar para ir a un sitio que para mí es muy especial.

Torrejón no ofrece demasiados espacios que recuerden a la Naturaleza en estado puro pero, buscando, uno acaba encontrando…

Cuando llegamos al lugar en cuestión, los recuerdos fluían en mí como una corriente eléctrica. Recuerdos de cuando estudiábamos y entrenábamos para nuestro examen de cinturón negro, hace unos pocos años. Recordé las manos doloridas por los pinchos, la espalda resentida por rodar en el duro suelo, los kimonos manchados por la tierra seca, el sudor y las picaduras de mosquitos.

Entrenamiento en Torrejón de Ardoz

También recordé el sentimiento de unidad y el cariño que nos profesábamos los unos a los otros. Compañeros de batallas tanto internas como externas. Una piña unida con un solo fín. El entrenamiento. Recordé nuestras sonrisas durante, y al final de cada entrenamiento y las ganas que quedaban de volverlo a repetir, a pesar de todo.

Por eso quise revivir con mis chicos todo aquello. 

Corrieron, saltaron, sudaron, se mancharon…

Pero sobre todo VIVIERON y experimentaron lo que es un entrenamiento al aire libre, codo con codo con la Naturaleza, dejando que los árboles fuesen su guía, que la noche fuese su manto y que la Luna fuera la única luz.

Por un momento cerré los ojos y traté de imaginar cómo serían esos entrenamientos hace tantos años en los que tanto Pedro, como su Maestro Pedro Fleitas, como Hatsumi Sensei salían al campo a entrar en contacto con la Madre Naturaleza.

Tras abrirlos, la única sensación que tenía era la de volverlo a repetir. Y los abrazos y sonrisas de los chicos me daban la razón.

Repetiremos, pues.

BUFU IKKAN!!

Entrenamiento en Torrejón de ArdozEntrenamiento en Torrejón de Ardoz - Ganseki NageEntrenamiento en Torrejón de Ardoz - Métodos de gopeo con lo pies

Entrenamiento en Torrejón de Ardoz - Sako kenEntrenamiento en Torrejón de Ardoz - Fudo kenEntrenamiento en Torrejón de Arzdoz - Andar sigiloso


Dragón Rojo

Esther – Uma Ryu Dojo (Abril 2012)

…La excursión a Nikko supuso una bonita experiencia…

De mi viaje a Japón, en noviembre de 2010, me queda una huella imborrable. Fue especial e intenso… Los que habéis vivido una aventura similar sabéis de lo que hablo… La excursión a Nikko supuso una bonita experiencia: avistando el monte Fuji a lo lejos mientras íbamos para allá, el parque natural de los monitos, los templos y santuarios que visitamos, todo envuelto en un mágico ambiente…

…Pedro nos llevó a una tiendecita…

Al final del día, aun a riesgo de perder el último tren de vuelta a Kashiwa, Pedro nos llevó a una tiendecita en el centro del pueblo, donde presenciamos el trabajo de un artista que nos dejó pasmados, la belleza de su obra y su increíble pericia para realizarla se llevaron nuestro más humilde aplauso.  Siempre recordaré la vuelta en el tren, cómo nos arremolinamos alrededor de Pedro para escucharle, tirados por el pasillo del vagón porque no queríamos perder detalle de sus palabras, y cómo los recién Godan caían dormidos en los asientos

Dragón Rojo, realizado en Nikko (Japón)

…Orgullosa y feliz por estar donde estoy…

Dicen que las cosas ocurren en su justo y preciso momento, que la casualidad no existe y todo sigue un orden lógico. Pues bien, ya era hora de que liberara de su encierro a mi dragón rojo de la felicidad y le dejara constatar su trabajo… Orgullosa y feliz por estar donde estoy, por seguir a Pedro y sentirme tan querida y apoyada por todos vosotros, mil gracias por formar parte de mi Dragón Rojo.