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El Budo se esconde en todos los pequeños detalles

Ante todo quisiera agradecer el esfuerzo y la dedicación que demostraron todos mis compañeros y todos los miembros de esta nuestra familia que es la Bujinkan al asistir el día 21 a Toledo con el motivo de la visita del Maestro Pedro Fleitas.
No todos los días tenemos la oportunidad de compartir nuestras experiencias con uno de los máximos exponentes del Budo tanto a nivel nacional como internacional y me llena de entusiasmo saber que por primera vez halla venido a visitarnos a Toledo.

20130121-fleitas-toledo-004En mi caso ya había asistido hace un tiempo a un curso impartido por el Maestro en Madrid y aun recuerdo la sensación que viví en ese momento, que sin lugar a dudas volvió a repetirse en su visita a mi ciudad. Aunque dicha sensación es difícil de explicar, debo remontarme a mi primer encuentro con el ninjutsu para darle algo de sentido.
Toledo no es una ciudad rica en lo que a tradición marcial se refiere y aunque había practicado algunas artes marciales y deportes de contacto anteriormente no encontraba su sentido y solo podría definirlas con un adjetivo, planas, simples actividades de sala de gimnasio…además con mis 16 años vivía una época difícil en la que ni siquiera conseguía encontrarme a mí mismo…

Un buen día normal como otro cualquiera me dirigía a la biblioteca municipal y ojeando entre las montañas de libros me llama la atención uno de ellos, bastante deteriorado, como si hubiera esperado a que alguien se fijase en el. Mi sorpresa fue grande cuando observé la portada: Ninjutsu, técnicas superiores, del Shidoshi Pedro Fleitas. Inmediatamente comencé a leer y observar pagina a pagina como si de un tesoro se tratase; comencé a leer en voz alta palabras como jumonji, hicho, Gyokko Ryu, Kihon Happo…que en ese momento no significaban mucho más para mí que extraños nombres en un idioma incomprensible; pero mi intuición me decía que eran algo más que eso, un tesoro mismo, una esencia oculta entre las palabras.

Lo que sucedió a continuación nunca tendré claro si fue fruto del azar o simplemente formaba parte del destino…dos meses después de encontrar aquel libro podía leer claramente en el tablón de mi gimnasio: Clases de ninjutsu en Toledo. No dudé, simplemente no pensé, conté cada día que quedaba para el inicio de las clases donde conocí por primera vez al que sería mi instructor, mi guía en este camino, mi maestro Juanjo García.
Comencé las clases con un entusiasmo que pocas veces había sentido en mi vida, dándolo siempre todo y un poco más, creciendo año tras año como artista marcial y como persona, con unos compañeros que no cambiaria jamás y sin los cuales no sería ni mucho menos la misma persona que soy ahora.

Pasado un tiempo comencé a observar a grandes maestros como Pedro Zapatero, Miguel Sanz… o el propio Pedro Fleitas y sentía un profundo respeto y admiración por su esfuerzo, su dedicación, pero por encima de todas las cosas, por su amplia sonrisa.20130121-fleitas-toledo-003Poco a poco he adquirido conocimientos que antes no tenía, cada día he intentado avanzar, paso a paso, a veces tropezando pero siempre volviéndome a levantar incluso con más ganas…pero es en momentos, como el pasado día 21, en los que descubres que si algo tiene de particular el Budo es que tu construyes tu propio camino y las herramientas para ello son la dedicación, las enseñanzas de cada día y por encima de todo tus compañeros y tu maestro.
Por último he de destacar una conclusión a la que llegue después del seminario del Maestro y que ha marcado un antes y después en mi manera de ver las cosas. Cuando comencé a entrenar con 17 años concebía el Budo como un fin en sí mismo, un objetivo, una meta, un camino a la perfección y al conocimiento…solo ahora puedo comprender que no es un fin en si mismo, ni siquiera un principio, simplemente es un sentido, el sentimiento que se esconde en todas los pequeños detalles de nuestras vidas.

Solo ahora soy capaz de percibir lo grande que es el Budo para mi vida, una parte indispensable para mi, mi mejor cara, mi sonrisa cada mañana, la fuerza que me inspira coraje en los momentos de dificultad…y todo eso se lo debo a todas y cada una de las personas que dedican su vida a transmitir y a hacer llegar al mundo entero este arte, las palabras y enseñanzas de nuestro Soke Masaaki Hatsumi para que otros como yo puedan descubrir el Budo y finalmente conocerse a si mismos.

Participantes en el seminario impartido por el Shihan Pedro Fleitas  

Carlos Plaza

Bujinkan Bushin Dojo

 


Con la luna como testigo de excepción

Shidoshi Ho Juanmi – Septiembre 2012

Los últimos coletazos del mes de agosto nos dejaron el dojo mermado por las ausencias típicas de las vacaciones de verano.  Los pocos que quedábamos nos calzamos el kimono, las tabis (quien las tenía) y las ganas de entrenar para ir a un sitio que para mí es muy especial.

Torrejón no ofrece demasiados espacios que recuerden a la Naturaleza en estado puro pero, buscando, uno acaba encontrando…

Cuando llegamos al lugar en cuestión, los recuerdos fluían en mí como una corriente eléctrica. Recuerdos de cuando estudiábamos y entrenábamos para nuestro examen de cinturón negro, hace unos pocos años. Recordé las manos doloridas por los pinchos, la espalda resentida por rodar en el duro suelo, los kimonos manchados por la tierra seca, el sudor y las picaduras de mosquitos.

Entrenamiento en Torrejón de Ardoz

También recordé el sentimiento de unidad y el cariño que nos profesábamos los unos a los otros. Compañeros de batallas tanto internas como externas. Una piña unida con un solo fín. El entrenamiento. Recordé nuestras sonrisas durante, y al final de cada entrenamiento y las ganas que quedaban de volverlo a repetir, a pesar de todo.

Por eso quise revivir con mis chicos todo aquello. 

Corrieron, saltaron, sudaron, se mancharon…

Pero sobre todo VIVIERON y experimentaron lo que es un entrenamiento al aire libre, codo con codo con la Naturaleza, dejando que los árboles fuesen su guía, que la noche fuese su manto y que la Luna fuera la única luz.

Por un momento cerré los ojos y traté de imaginar cómo serían esos entrenamientos hace tantos años en los que tanto Pedro, como su Maestro Pedro Fleitas, como Hatsumi Sensei salían al campo a entrar en contacto con la Madre Naturaleza.

Tras abrirlos, la única sensación que tenía era la de volverlo a repetir. Y los abrazos y sonrisas de los chicos me daban la razón.

Repetiremos, pues.

BUFU IKKAN!!

Entrenamiento en Torrejón de ArdozEntrenamiento en Torrejón de Ardoz - Ganseki NageEntrenamiento en Torrejón de Ardoz - Métodos de gopeo con lo pies

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Tres pasos son suficientes

Carlos Bravo (Yû Ryu – Juanmi dojo) – Julio 2012

El Shihan Pedro Fleitas realizando una técnica al shihan Pedro ZapateroEl miércoles 11 de julio tuvimos la oportunidad de volver a recibir una clase de mano de Pedro Fleitas, donde como siempre, me asombré de la aparente facilidad con la que ejecutaba las técnicas y la naturalidad de los movimientos que hacía. Algo que no puede ser otra cosa que el resultado de años y años de entrenamiento.

Pero algo retumbaba en mi cabeza con fuerza, algo que aún no termino de comprender, ya que, mientras veía a Pedro Fleitas realizar la técnica, algo me decía que tres pasos son suficientes.

Pedro Fleitas en el dojo de Uma Ryu de Villalbilla en julio de 2012

Tres pasos son suficientes para llevar al enemigo al suelo. No hay necesidad de florituras, ni lugar para el sobreesfuerzo. No necesitamos demostrar nada a nadie, y por el contrario, si necesitamos dosificar nuestras fuerzas por si debido a la fatalidad, hay más de un enemigo a tu alrededor.

Esto se puede traducir a nuestra vida cotidiana como ese bello momento que se produce cuando cualquier tarea que tengas entre manos, sale bien y con una sencillez que te asombra, con el mínimo esfuerzo (o el esfuerzo justo y necesario), o como cuando encuentras una solución sencilla a un problema aparentemente grande, o como cuando te das cuenta que si quieres cambiar algo que crees que te molesta de ti mismo tienes que: uno, cambiar tu punto de vista, dos, afrontar el problema (si lo hay) moviéndote en otra dirección, y tres observar como se produce el cambio y aprender de ese proceso por si hay “otro enemigo” del que defenderse.

El Shihan Pedro Fleitas mostrando una técnica con el Shihan Pedro Zapatero


Esperar el momento, a todos nos llega

YÛ RYU  ”Dragón Valeroso” (Yúgodan Bujinkan Dojo) – Septiembre de 2012

Se que es complicado para muchos practicantes seguir el ritmo de practica en Bujinkan, actualmente mucho más duro que hace cuatro o cinco años, pero la verdad es que siempre ha sido así.

Recuerdo la anécdota de Pedro Fleitas cuando contaba su primer viaje a Japón y de que como tenía que llegar a los sitios y no sabía idiomas. Cogía taxi para llegar de Noda a Tokio  y otra vez regresar para comprar o dormir y entrenar. Esto le supuso mucho dinero y mucho, mucho esfuerzo.

Durante mis años de práctica he tenido la suerte de ver el esfuerzo de muchos compañeros, en mi primer Taikai, conocí a un gran Budoka, el era de Málaga y vendió su coche para poder asistir al Taikai junto a Sensei. He conocido alumnos que dieron todo por entrenar en cursos y viajes por España. Lo dieron todo si,  pero al no mantenerse en el entrenamiento, lo perdieron de verdad. Solo estaban motivados por un único impulso, y tal vez aquel impulso no era el correcto.

Bujin y taza de téYo mismo, vi como mis compañeros viajaban a Japón y yo tarde cinco años en poder hacerlo, pero hoy en día me mantengo en la practica, y muchos de ellos no.  He tenido etapas en las que he viajado hasta tres veces en un año a Japón pero eso no garantiza tu calidad en la  practica. Mi motivación siempre fue la de acompañar a mi maestro para ser testigo de la relación que él mantiene con su maestro.”Nunca fui con intenciones egoístas ni para aprender nada en particular” y aquí sigo entrenando cuatro o cinco veces a la semana y llegando cada vez a más corazones. Siempre he procurado estar cerca de mi maestro, casi siempre en silencio, casi siempre escuchando, intentando “no molestar”. Siempre me han acompañado muchos alumnos. Mi papel en sus seminarios era casi de incógnito. De repente, un día comencé a ser Uke y hasta hoy. Yo comencé con Pedro Fleitas en año 1995 en un curso en Oviedo, aunque mi entrenamiento anterior comenzó mucho antes. He visto como mi relación con él a ido cambiando con el tiempo, el siempre me decía “Pedro, mejor el segundo, que el primero se lleve los tiros” jijijiji, y así sigo intentando no protagonizar una historia de valientes donde siempre mueren los que primero salen. Hay que esperar, esperar tu momento.

No me cansaré nunca de repetir lo que he oído o leído “sin objetivos aparentes“; si buscas un grado, reconocimiento de los que te rodean o simplemente deseas entrenar por estar junto a otras personas a las que adoras, tal vez tu motivación no es correcta. Takamatsu sensei decía algo así como: “el verdadero ninja es el que consigue lo que desea haciendo felices a los que le rodean”.

Sueña con ser feliz haciendo felices a los demás, practica cada día, come correctamente y sonríe, que si no te pilla un camión, tendrás una vida longeva. Cuando te des cuentas, contarás a tus nietos batallitas del pasado y todo tu esfuerzo acabará cerrando los ojos. Pero eso sí, siempre sonriendo y haciendo felices a los que te rodean.

Yû Ryu sonriendo


Sin el plan muy claro

Joaquín Garralda – “Tatín” (2º Dan de Yû Ryu – Tato Canoe Dojo) – Junio 2012

…Fletias compartió el concepto de los planes de acción…

Pedro Fleitas (en el curso que impartió en Granada) compartió con nosotros el concepto de los planes de acción. Solemos programarlo todo, de la manera más estricta y estática posible. Pero que la verdadera belleza reside en esas acciones espontáneas y etéreas, que en un instante afloran para desaparecen, y sólo dejar una esencia que nada tiene que ver con el plan inicial, sino con lo que hay detrás de la persona, del taijitsu.  Al menos eso es lo que yo entendí (que puede o no tener que ver con lo que él dijo).

En ese momento me impresionó ese concepto. No creo que lo entendiera al principio (y probablemente todavía no lo haga), pero ahora me doy cuenta que no es nuevo en mi vida, sino que mi maestro ya me lo había transmitido, y precisamente este viaje es prueba de ello.

…nuestro maestro disfrutaba con nosotros…

A las 4:40 de la mañana, se levantaban tres somnolientos guerreros en casa del maestro, dispuestos a embarcarse en una pequeña aventura. Tato, mi buyu (y gran amigo) Juan, y yo. Nos disponíamos a ir a Granada, entrenar y volver en el mismo día. ¿Una locura? Quizás, pero no lo vivimos como tal. Fueron horas en coche de disfrutar egoístamente de nuestro maestro, esta vez sólo para nosotros. Y el placer de notar cómo el también disfrutaba con nosotros. Horas de risas, de historias y de reflexiones.

Grupo representante de Uma Ryu con Pedro Fleitas

…sin el plan muy claro logramos llegar…

Sin el plan muy claro, con unos sándwiches en el maletero, nuestros kimonos y una sonrisa que nos duró todo el viaje. Así fue como logramos llegar a Granada, sólo para comprobar que no éramos los únicos que no podían dejar de sonreír. No importaban el grado, no importaban los años que lleváramos entrenando, no importaba de dónde venía cada uno; todos compartimos la misma cara de incredulidad al ver “levitar” a Fleitas por el tatami. Maestros como alumnos, y todos como participantes, acabamos llevándonos un poco más de calor dentro de nuestros corazones.

Pedro Fleitas realizando una técnica

La vuelta, lo que podía haberse tornado en una tortura, no fue otra cosa que la continuación de nuestra particular aventura. El cansancio no pudo hacer mella en la euforia que aún plagaba cada célula de nuestro cuerpo, y que hizo que la ilusión nos acompañara el resto del viaje.

…ninguna programación pudo haberlo mejorado…

Una vez acabado, me di cuenta que de esto es de lo que hablaba Pedro. Más allá de los planes que hayamos podido hacer (o no), se encontraba un viaje que aunque pareció durar un instante, nos dejó con el equivalente a meses de experiencias. Ninguna programación pudo haber mejorado el viaje. Fue algo que casi improvisamos la semana anterior y de lo que disfrutamos cada segundo. Sólo hay gratitud en mi corazón hacia mis dos compañeros en esta aventura, que consiguieron sacar la belleza de cada instante.

Grupo de participantes en el seminario de Granada 2012