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Mi primer feeling en Ninjutsu

Quizá comparta muchas cosas de las q voy a decir con mis compañeros, y quizá sea por eso por lo que entrenando con ellos me siento en familia.

Siempre he querido practicar artes marciales, pero nunca he encontrado el momento en el que apuntarme. Este verano di el gran paso y sí, me apunte a Ninjutsu.

Lo que más me sorprendió el primer día fue el compañerismo de los compis. Estaba claro. Yo tenía un concepto erróneo de las artes marciales.

Creía que el arte marcial en sí, consistía en ir, aprender, defenderte y ya, pero estaba totalmente equivocado, yo sabia que consistía como he dicho antes en la defensa utilizando el físico pero lo q no sabia y cada día voy descubriendo es el feeling de las técnicas, y que la mayoría de las veces la mejor defensa es la que trasmites y la que siente uno mismo, la que se trasmite espiritualmente y con el corazón.

Desde que llevo en Bujinkan he comprendido varias cosas, esto he de agradecérselo a la gente con la que entreno y a Tato mi maestro ya que todo lo que me enseñan lo intento aplicar día a día en mi vida.

Antes de acabar con esta especie de artículo me gustaría mencionar dos frases del libro de “EL NINJA MODERNO “ (de Hatsumi Sensei) que son: “ La esencia del Budo consiste en vencer claramente mediante su conocimiento pero sin luchar. El Ninjutsu es igual, si no estamos preparados en su esencia, si no conocemos su verdad, nunca podremos decir que hemos llegado a un conocimiento completo de dicho arte”. Y la segunda: “Todos cuando empezamos somos como un pequeño insecto, pero a pesar de ello hasta el más insignificante insecto si se agarra a la cola de un caballo puede recorrer cuatro mil millas”.

Os animo a que descubráis este arte marcial.

UN SALUDO.

Manuel Padilla Montoya (8º kyu), Yû Ryu – Tato Canoe Dojo


Bushido

José María Risco Rojas (2º Dan – Uma Ryu Dojo)

Bushido. Casi todo el mundo ha oído alguna vez esta palabra, esta expresión; incluso la han llegado a usar. Esta palabra puede traducirse como la vía o camino del guerrero o del samurái. Se ha escrito y hablado mucho sobre ella. Pero, ¿realmente sabemos lo que significa?, ¿O es uno de esos conceptos como decía San Agustín? “¿Qué es, pues el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicarlo a quien me lo pide, no lo sé”1. Puede que la palabra Bushido sea algo mas para vivirlo que para expresarlo. De cualquier manera, voy a escribir sobre ello.

El Bushido está basado en siete virtudes, o principios que todo guerrero debía seguir y guardar, estos son:

  • Gi – Justicia (decisiones correctas).
  • Yuu – Coraje.
  • Jin – Benevolencia.
  • Rei – Respeto.
  • Makoto – Honestidad, Sinceridad absoluta.
  • 名誉「名譽」 Meiyo – Honor.
  • Chuu – Lealtad.

Estos siete principios están impresos en el alma del hombre. Toda sociedad ha buscado unos patrones o guías y han escrito sobre ello, tal es el caso de Platón en su obra “La Republica” en la cual cita las cuatro virtudes de todo ciudadano, estas son:

  • Prudencia.
  • Fortaleza.
  • Templanza.
  • Justicia.

La palabra Bushido aparece siglos después de que este código fuera de uso común entre los guerreros japoneses. Es en el periodo Edo (1603-1867) cuando empieza a escribirse sobre este código, siendo en 1716 cuando Yamamoto Tsunetomo escribe quizás la más célebre obra sobre el bushido, esta es Hagakure (oculto bajo las hojas). Este libro enseña unas directrices de cómo se debe vivir la vida de acuerdo a los siete principios anteriormente expuestos.

Con dichas directrices y bajo la influencia de religiones tales como el Budismo Zen y el Shintoísmo, el samurái llegaba a tener una plena aceptación de la vida, y con ella de la muerte. Un vivir “aquí y ahora” como dicen los maestros Zen, es decir, vivir el momento presente, sin apego al pasado ni miedo al futuro.

Solo pensando así, podemos imaginar cómo los guerreros samuráis entraban en combate.

Hoy día el combate se desarrolla en otras circunstancias, en otros escenarios, con otras amenazas y con nuevas tecnologías entre otros factores, pero el espíritu del combate sigue siendo el mismo. La raíz del combate ha permanecido invariable a lo largo de  milenios desde que el hombre empezara a combatir entre ellos por las regiones de caza o el acceso a un manantial de agua potable, hasta las modernas guerras asimétricas que se desarrollan en escenarios tan variados y bajo complicadas cadenas de mando conjunto-combinadas. La raíz del combate sigue siendo “morir o vivir” o dicho de otro modo “sobrevivir”.

Los guerreros samurái lograron un entendimiento de la guerra y el combate tan desarrollado que dicho espíritu lo translocarón a su vida cotidiana, a sus quehaceres diarios, en definitiva, a su forma de vida. Si analizamos profundamente este concepto veremos lo acertado de esta perspectiva. Para ello, solo nos tenemos que plantear una pregunta: ¿Estoy en paz? La respuesta casi con total seguridad es NO. Puede parecernos en un principio que sí, que estamos en paz, pero si empezamos a analizar nuestra vida, nuestro entorno, relaciones sociales, nuestra estabilidad económica, salud, y el largo etcétera del que se compone la vida, seguramente encontremos muchos factores que no nos permiten estar completamente en paz, situaciones en nuestra vida o aspectos de ella en las que exista el conflicto.

La época y lugar geográfico que nos ha tocado vivir, así como el marco socio cultural, nos alejan de situaciones de combate bélico, siendo en pocas ocasiones como en zonas de operaciones donde podremos vivir experiencias de combate bélico. El resto de conflictos los viviremos en el marco de nuestra vida cotidiana, en la familia, el trabajo o en las relaciones sociales. Pero por ello, no dejan de tener la consideración de conflicto, habiéndolos desde situaciones más leves a nivel físico como pudiera ser un problema laboral hasta situaciones en las que nuestra vida o la de otros corran un alto riesgo como pude ser un atraco bajo la amenaza de un arma de fuego.

El espíritu o actitud a seguir en ambos casos es el mismo, “sobrevivir” ya sea conservando nuestro trabajo para poder “vivir”, como superando la agresión física del atraco para poder “vivir”. Quizás la palabra “sobrevivir” exprese mejor la idea del combate.

Observando este punto, me reitero en lo acertado de la forma de ver la vida y vivirla por parte de los guerreros Samurái. Ellos comprendieron la esencia del combate, y todos los aspectos relacionados con él. Comprendieron los principios de la lucha y desarrollaron un complejo y estricto código de conducta para afrontar la lucha de la vida en su plenitud. Comprendieron que el “arte de la guerra”, no es otro que el “arte de vivir”. Por todo ello, estos guerreros cultivaron dicho arte manifestado en diferentes estilos de “artes marciales”.

Dichas “artes marciales” servían a varios propósitos, desde el más obvio o elemental, y quizás el aspecto más conocido de las “artes marciales” como es la preparación para el combate cuerpo a cuerpo entre dos individuos desarmados, pasando por estrategia y táctica militar, hasta la preparación mental y espiritual del combate más duro de todos; como es la aceptación de la propia muerte.

Entrenando en las diferentes escuelas marciales o “Ryu” un estudiante comenzaba aprendiendo una mecánica de movimientos o “Kata” hasta adquirir un nivel técnico suficiente que le permitiera la ejecución de dichas técnicas sin la necesidad de pensar en los movimientos o “formas”. Una vez adquirida esta calidad técnica, el estudiante aprendía a olvidar dichas formas, integradas ya en su cuerpo. Pasado este nivel, el aprendizaje empezaba a englobar quizás algo más complicado que la ejecución física de un movimiento, para centrarse en la estrategia, el ritmo, el espacio, la actitud… es decir, aquellos aspectos técnicos que no se ven; desarrollando variantes de la “Kata” original, “Henka” o variante, es decir, adaptando dichas “Kata” a diferentes circunstancias.

Esta capacidad de adaptación es la que nos permite sobrevivir; para muestra no tenemos más que observar la naturaleza. Los guerreros samurái desarrollaron esta capacidad de adaptación gracias al entrenamiento continuo de las “artes marciales”. Adaptación que no solo aplicaban dentro del campo de batalla, sino como dije antes, a todas las facetas de la vida.

Todo esto nos hace llegar a la conclusión de que la adaptación es el camino para sobrevivir, y la forma de adquirir la capacidad de adaptación es gracias al entrenamiento continuo de dichas “artes marciales”, es decir, a través del espíritu del Bushido.

Bibliografía:

1- http://www.sabidurias.com/cita/es/18/san-agustin/que-es-pues-el-tiempo-si-nadie-me-lo-pregunta-lo-se-si-quiero-explicarlo-a-quien-me-lo-pide-no-lo-se

2- http://es.wikipedia.org/wiki/Bushid%C5%8D

3- http://www.filosofia.mx/index.php?/perse/archivos/virtudes_cardinales

José María Risco Rojas.

2º Dan Bujinkan Dojo Budo Taijutsu


Más que un arte marcial

Laura (Yû Ryu – Oliver Raposo Dojo) – Septiembre 2012

Siempre que veía pelis de artes marciales lo que esperaba con más fervor era la aparición de los ninja, esos personajes que siempre hacían el mismo papel; los malos de la película. Al contrario que a la inmensa mayoría, no me cautivaban del mismo modo las películas de Kung Fu, Kárate u otros estilos marciales (muy respetables por supuesto) como lo hacían estos sombríos personajes que siempre surgían de la nada con su rostro oculto y que parecían ir en contra de la gravedad por sus tremendas dotes de agilidad. Siempre eran los malos, sí, pero no había rival igual…eran invencibles y tenían poderes!! ¿A caso había algo que “molara” más?

Nadie sabía muy bien que o quienes eran pero el caso es que si tu madre te ponía un pasamontañas por el frío (sí, aquellos horribles que picaban tanto) todos te decían: ¡¿vas disfrazado de ninja o qué?! Si en gimnasia eras ágil y hacías volteretas o saltos sorprendentes: ¡este se cree un ninja!, Y no digo nada ya de cuando te iban a echar la bronca por algo y tú intentabas desaparecer como podías: ¡Mira este que listo como ha hecho el ninja! Inevitablemente ese espíritu ninja siempre estaba entre nosotros.

Lo cierto es que desde siempre me han llamado la atención enormemente las artes marciales en general, lo veía como algo muy bonito y espiritual a la par que práctico, pero por otra parte, debido a mis inseguridades, siempre pensé que yo no sería capaz de introducirme en ese mundo tan apasionante y de llegar a saber fluir tal y como lo hacían en aquellas pelis y documentales.

Pero…qué casualidad que la vida misma me llevó a encontrarme con una persona que precisamente había practicado durante mucho tiempo ese arte marcial que tanto me intrigaba. Recuerdo que ni siquiera sabía el nombre que recibía. Durante 5 años me ha enseñado cosas muy útiles del Ninjutsu, aunque sin poder practicar técnicas físicas, únicamente conceptos e ideas que en mí día a día me han sido de gran utilidad en todas y cada una de mis situaciones. Esto demuestra que el Budo no es solo un arte marcial como cualquier otro, sino que es un perfecto modo de vida.

Hace un año pude, por fin, inmiscuirme en la práctica total del Budo Taijutsu y mi concepto de todo ha cambiado todavía más. Además de haberme ido aportando mayor seguridad en mi misma ha hecho que comprendiera muchos de los conceptos que mi pareja y maestro hoy en día me inculcó, llevándolos a la práctica de manera distinta y mucho más útil.

Hay a quien la práctica de artes marciales le intensifica la arrogancia y la agresividad, no sé si, de algún modo, debido al erróneo enfoque (desde mi punto de vista) hacia la competición de la mayoría de ellas. Yo tengo que decir desde que estoy en el camino del Budo soy una persona mucho más segura, tranquila (aunque aún me queda mucho por trabajar esta parte) y feliz. Cada día disfruto más de las clases aprendiendo cosas que van mucho más allá de su mera utilidad en posibles enfrentamientos.

Y para terminar, creo que hablo en nombre de todo el dojo de Azuqueca cuando digo que nos sentimos muy orgullosos y agradecidos de formar parte de esta gran familia de “Buyus” y en particular, por supuesto, no estaría en el camino de no ser por Oliver al que le debo todo y a Pedro, una magnífica persona de gran corazón que hizo posible todo esto.

En nombre de todo del Dojo de Azuqueca: ¡Gracias!

Entrenamiento del Shihan Pedro Zapatero, con compañeros de Uma Ryu en Azuqueca de Henares

Visita en septiember de 2012 del Shihan Pedro Zapatero al dojo de Azuqueca


Esperar el momento, a todos nos llega

YÛ RYU  ”Dragón Valeroso” (Yúgodan Bujinkan Dojo) – Septiembre de 2012

Se que es complicado para muchos practicantes seguir el ritmo de practica en Bujinkan, actualmente mucho más duro que hace cuatro o cinco años, pero la verdad es que siempre ha sido así.

Recuerdo la anécdota de Pedro Fleitas cuando contaba su primer viaje a Japón y de que como tenía que llegar a los sitios y no sabía idiomas. Cogía taxi para llegar de Noda a Tokio  y otra vez regresar para comprar o dormir y entrenar. Esto le supuso mucho dinero y mucho, mucho esfuerzo.

Durante mis años de práctica he tenido la suerte de ver el esfuerzo de muchos compañeros, en mi primer Taikai, conocí a un gran Budoka, el era de Málaga y vendió su coche para poder asistir al Taikai junto a Sensei. He conocido alumnos que dieron todo por entrenar en cursos y viajes por España. Lo dieron todo si,  pero al no mantenerse en el entrenamiento, lo perdieron de verdad. Solo estaban motivados por un único impulso, y tal vez aquel impulso no era el correcto.

Bujin y taza de téYo mismo, vi como mis compañeros viajaban a Japón y yo tarde cinco años en poder hacerlo, pero hoy en día me mantengo en la practica, y muchos de ellos no.  He tenido etapas en las que he viajado hasta tres veces en un año a Japón pero eso no garantiza tu calidad en la  practica. Mi motivación siempre fue la de acompañar a mi maestro para ser testigo de la relación que él mantiene con su maestro.”Nunca fui con intenciones egoístas ni para aprender nada en particular” y aquí sigo entrenando cuatro o cinco veces a la semana y llegando cada vez a más corazones. Siempre he procurado estar cerca de mi maestro, casi siempre en silencio, casi siempre escuchando, intentando “no molestar”. Siempre me han acompañado muchos alumnos. Mi papel en sus seminarios era casi de incógnito. De repente, un día comencé a ser Uke y hasta hoy. Yo comencé con Pedro Fleitas en año 1995 en un curso en Oviedo, aunque mi entrenamiento anterior comenzó mucho antes. He visto como mi relación con él a ido cambiando con el tiempo, el siempre me decía “Pedro, mejor el segundo, que el primero se lleve los tiros” jijijiji, y así sigo intentando no protagonizar una historia de valientes donde siempre mueren los que primero salen. Hay que esperar, esperar tu momento.

No me cansaré nunca de repetir lo que he oído o leído “sin objetivos aparentes“; si buscas un grado, reconocimiento de los que te rodean o simplemente deseas entrenar por estar junto a otras personas a las que adoras, tal vez tu motivación no es correcta. Takamatsu sensei decía algo así como: “el verdadero ninja es el que consigue lo que desea haciendo felices a los que le rodean”.

Sueña con ser feliz haciendo felices a los demás, practica cada día, come correctamente y sonríe, que si no te pilla un camión, tendrás una vida longeva. Cuando te des cuentas, contarás a tus nietos batallitas del pasado y todo tu esfuerzo acabará cerrando los ojos. Pero eso sí, siempre sonriendo y haciendo felices a los que te rodean.

Yû Ryu sonriendo