Más que un arte marcial

Laura (Yû Ryu – Oliver Raposo Dojo) – Septiembre 2012

Siempre que veía pelis de artes marciales lo que esperaba con más fervor era la aparición de los ninja, esos personajes que siempre hacían el mismo papel; los malos de la película. Al contrario que a la inmensa mayoría, no me cautivaban del mismo modo las películas de Kung Fu, Kárate u otros estilos marciales (muy respetables por supuesto) como lo hacían estos sombríos personajes que siempre surgían de la nada con su rostro oculto y que parecían ir en contra de la gravedad por sus tremendas dotes de agilidad. Siempre eran los malos, sí, pero no había rival igual…eran invencibles y tenían poderes!! ¿A caso había algo que “molara” más?

Nadie sabía muy bien que o quienes eran pero el caso es que si tu madre te ponía un pasamontañas por el frío (sí, aquellos horribles que picaban tanto) todos te decían: ¡¿vas disfrazado de ninja o qué?! Si en gimnasia eras ágil y hacías volteretas o saltos sorprendentes: ¡este se cree un ninja!, Y no digo nada ya de cuando te iban a echar la bronca por algo y tú intentabas desaparecer como podías: ¡Mira este que listo como ha hecho el ninja! Inevitablemente ese espíritu ninja siempre estaba entre nosotros.

Lo cierto es que desde siempre me han llamado la atención enormemente las artes marciales en general, lo veía como algo muy bonito y espiritual a la par que práctico, pero por otra parte, debido a mis inseguridades, siempre pensé que yo no sería capaz de introducirme en ese mundo tan apasionante y de llegar a saber fluir tal y como lo hacían en aquellas pelis y documentales.

Pero…qué casualidad que la vida misma me llevó a encontrarme con una persona que precisamente había practicado durante mucho tiempo ese arte marcial que tanto me intrigaba. Recuerdo que ni siquiera sabía el nombre que recibía. Durante 5 años me ha enseñado cosas muy útiles del Ninjutsu, aunque sin poder practicar técnicas físicas, únicamente conceptos e ideas que en mí día a día me han sido de gran utilidad en todas y cada una de mis situaciones. Esto demuestra que el Budo no es solo un arte marcial como cualquier otro, sino que es un perfecto modo de vida.

Hace un año pude, por fin, inmiscuirme en la práctica total del Budo Taijutsu y mi concepto de todo ha cambiado todavía más. Además de haberme ido aportando mayor seguridad en mi misma ha hecho que comprendiera muchos de los conceptos que mi pareja y maestro hoy en día me inculcó, llevándolos a la práctica de manera distinta y mucho más útil.

Hay a quien la práctica de artes marciales le intensifica la arrogancia y la agresividad, no sé si, de algún modo, debido al erróneo enfoque (desde mi punto de vista) hacia la competición de la mayoría de ellas. Yo tengo que decir desde que estoy en el camino del Budo soy una persona mucho más segura, tranquila (aunque aún me queda mucho por trabajar esta parte) y feliz. Cada día disfruto más de las clases aprendiendo cosas que van mucho más allá de su mera utilidad en posibles enfrentamientos.

Y para terminar, creo que hablo en nombre de todo el dojo de Azuqueca cuando digo que nos sentimos muy orgullosos y agradecidos de formar parte de esta gran familia de “Buyus” y en particular, por supuesto, no estaría en el camino de no ser por Oliver al que le debo todo y a Pedro, una magnífica persona de gran corazón que hizo posible todo esto.

En nombre de todo del Dojo de Azuqueca: ¡Gracias!

Entrenamiento del Shihan Pedro Zapatero, con compañeros de Uma Ryu en Azuqueca de Henares

Visita en septiember de 2012 del Shihan Pedro Zapatero al dojo de Azuqueca


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