Entrenamiento con los scouts

Diego Soto López – Bujinkan Yoruko Dojo (Mayo de 2011)

Flor de lisAquella estaba siendo una acampada del todo atípica. Normalmente solemos ir a un albergue, a un pueblo… pero esta vez no; esta vez, mis chavales, el resto de monitores y yo estábamos de acampada en el colegio durante tres días ya que el pueblo con el que habíamos acordado ir de acampada nos la jugó en el último momento. Aquella estaba siendo una acampada atípica; a los chicos parece que les pudo el desánimo de hacer la acampada en donde están todos los sábados, pesando más que las posibles actividades que pudiésemos realizar; por lo que en vez de 25 – 30 que suelen venir solo fueron 14.

Aquella estaba siendo una acampada atípica, como atípica estaba siendo la tarde. Estábamos en el paraje segoviano dela Fuencisla, una de las zonas verdes más bonitas de la capital cerca del río y a los pies del Alcázar, con mucha hierba, muchos árboles y por supuesto mucha sombra. El día era uno de esos de primavera que invitan a estar tirados a la bartola si no tienes nada mejor que hacer, porque el solecito y el calor te adormecen y te relajan que es cosa fina. Allí estábamos todos, teníamos juegos y otras cosas preparados para hacer pero como nos encontrábamos divinamente decidimos tomarnos la tarde con calma por lo que unos estaban echándose la siesta, otros jugando con el balón, otros saltando, corriendo, jugando… Un lunes, de vacaciones, con los amigos, pues agustísimo claro.

En esto que las horas iban pasando y se acercaba la hora de la merienda, las 18.30 y como hay cosas que son sagradas y somos gente de buen comer nos pusimos en el colegio en un periquete. Mientras responsables y chavales merendaban, yo estaba pensando en lo que venía después. Había programado un taller de ninjutsu, ese arte marcial en el que tan poco llevo pero que tan rápido me ha atrapado, para las 19.30; y la verdad sea dicha estaba yo algo inquieto. La semana anterior, le pregunté a Javi si podrían venir a lo que me contestó que por supuesto, que sin ningún problema se sustituía el entrenamiento del lunes en el dojo por el del colegio con mis chavales. Aun así, como digo, estaba yo inquieto ya que tampoco habíamos concretado mucho que era lo que haríamos, solamente cuatro pinceladas.

Eran cerca de las siete y media y estos tíos sin aparecer; los chavales ya hartos de toda la tarde que llevaban sin hacer nada y yo ahora más que inquieto nervioso. Ya me bajo al parking y me encuentro a Oscar que acaba de llegar y me dice que no sabe nada del resto. Yo ya no sabía que pensar, si se habrían perdido o qué demonios pasaba. En esto que ya por fin aparecen: Javi, Rubén, Rodri y Cristina; luego se juntó Raúl que vino algo tarde. Estando ya todos, cogemos las cosas y nos vamos al pabellón, que como siempre y sin ninguna pega los hermanos Maristas habían puesto a nuestra entera disposición. Nos cambiamos, preparamos las colchonetas y colocamos todas las armas seguidas.  Ya Javi me dice que avise a los chavales; bien vamos puntuales, las 19.30 y vamos a empezar.

Yo apenas les había explicado nada, solo que iba a venir alguien a dar un taller y que se portaran mejor que nunca, que no dieran guerra, que hicieran caso y que lo disfrutaran al máximo, así que cuando me ven salir vestido con la ropa de entrenamiento, las expresiones fueron de entre vacile, sorpresa y expectación.

Entramos todos al pabellón, se colocaron en fila y sin decir absolutamente nada procedimos con la ceremonia del saludo. Cuando comencé a explicarles quienes eran esas personas y lo que íbamos a hacer les cambió totalmente la cara de sorpresa por la cara de ganas de aprovechar al máximo esa oportunidad. Javi, de momento, no tiene mucha costumbre de tratar con chavales y pensaba yo que le iba a costar un poco. Primeramente les explicó lo que era ese arte marcial con nombre  raro en japonés, lo que hacíamos, en qué consistía, un poquito de historia… y después cada uno de nosotros les explicó un arma que desde mi punto de vista es de las cosas más características del ninpo. Mientras todo esto ocurría miraba a mis chavales y veía caras raras, mezcla entre extrañeza y aburrimiento por lo que respiré aliviado cuando Javi sacó a alguien de uke para empezar a dar caña. Así comenzamos con las técnicas que los chavales ejecutaban con empeño, ilusión, y satisfacción al lograrlo, unos con más ayuda que otros por nuestra parte pero todos a tope. Conforme pasaban las técnicas, pasaban los ukes por las manos del sensei dejando a los chavales boquiabiertos con una técnica, una caída, un rodamiento, un golpe…

Saludo scout - San Shintan kenCasi al final de la clase, Javi nos sorprendió gratamente a todos los scouts. Dijo que el ninjutsu y los scouts están en cierta medida unidos y tiene algunas cosas en común, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo. Así les enseñó a aplicar un golpeo SAN SHINTAN KEN, que es exactamente igual que el saludo de los scouts. Fuimos terminado la clase con esta técnica como colofón. Yo estaba super contento, como en una nube al ver que los chicos se lo habían pasado en grande y habían aprendido un montón.

Tras la clase, vino la celebración; dando cuenta todos juntos de un montón de hamburguesas que otros responsables había preparado mientras los demás disfrutábamos del entrenamiento. Como pensábamos que vendrían más chavales a la acampada había comida para un regimiento lo cual hizo que algunos nos sacrificásemos comiéndonos tres o cuatro hamburguesas, que ya se sabe que esto del deporte desgasta mucho y hay que reponer.

Finalmente, mis compañeros de dojo se despidieron quedándonos todos con una grata sensación de satisfacción por aquella tarde. Después de cenar, ya de noche; llegó el tiempo de evaluar el día. El taller de ninjutsu fue lo más valorado, y contrariamente a lo que yo pensaba, “la chapa” que les dio Javi al principio sobre lo que era el ninjutsu y las armas que utilizábamos fue una de las partes que más les gustó y les interesó. La única pega que pusieron fue “que nos habíamos pegado entre nosotros”. Seguro que habrá otra ocasión para repetir el taller y pulir fallos.

Por supuesto aprovecho para dar las gracias a los chavales que se portaron fenomenal, al resto de monitores que colaboraron para que todo saliese bien y para que cenásemos caliente, a los Hermanos Maristas del colegio que como siempre fueron todo facilidades para usar las instalaciones, a mis buyus por la colaboración y por el apoyo y su disposición para con los chavales y por supuesto y como no a Javi, el sensei para el que solo tengo palabras de agradecimiento por ese día y por todos los demás. ¡Gracias a todos!

Grupo de los scouts después de entrenar Ninjutus con el grupo de Javier Andrés


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